Fue el grito de emoción de Ronald Andrés Ortiz, un niño de 13 años que no podía disimular la alegría de tener por primera vez energía eléctrica en su casa. Atrás quedaban las levantadas a las cuatro de la mañana con una vela para poder encender el fogón de leña y preparar el desayuno, organizar la casa con el temor de encontrarse con una culebra o un alacrán, o acostarse a las ocho de la noche sin poder ver el rostro de su madre antes de dormir. A partir de ahora, siente que su vida será diferente.

Ronald vive en el resguardo indígena Chicuambe Las Brisas Pijao del municipio de Ortega, al sur oriente del departamento del Tolima, un pequeño caserío a 30 minutos del casco urbano. Para llegar, hay que desviarse de la carretera principal y recorrer cerca de cinco kilómetros de vía destapada. Desde lejos parece otro mundo, y así es, allí 14 familias trabajan unidas por salir adelante, hacen cronograma y se distribuyen entre todos para la siembra, el cuidado de los animales, la preparación de los alimentos, la limpieza, y demás actividades. En el resguardo, con el trabajo colectivo y la venta de los productos generan los recursos para ganarse desde la comida hasta la vivienda y avanzar en comunidad.

Y pasaron 27 años

“Cuando vinieron los de Celsia a decirnos que nos iban a poner la luz, fue como un sueño, ¡no podíamos creerlo! Tantos años rogando y pidiendo eso, porque era muy difícil todo. Eso cuando había viento se nos apagaba la esperma y uno no podía hacer nada y en las noches nos sentábamos en la barbacoa a hablar entre nosotros hasta llegar las nueve para acostarnos en lo oscuro, sin ver nada”, dice Maria Deisy Ramirez, autoridad tradicional del resguardo, mientras abraza emocionada a otras mujeres de su comunidad al ver encenderse por primera vez, el bombillo que les traerá progreso, desarrollo y calidad de vida a los habitantes de su resguardo.

Desde que se instalaron en la zona en 1999, venían solicitado a la administración municipal de turno la posibilidad de tener energía eléctrica. María Deisy ha sido reelegida todos estos años como gobernadora de Chicuambe Las Brisas Pijao y se trazó esa meta convencida de que, con energía, pueden llevar a cabo más proyectos productivos, mejorar sus condiciones de vida y que los niños por fin, puedan seguir estudiando.

Ronald, mirando aún extasiado el bombillo encendido, nos cuenta que tuvieron que retirarse de la escuela porque por la pandemia las clases y las tareas eran con celular e internet y “como acá no teníamos nada de eso, no pudimos seguir. Pero ahora con luz mi mamá me va a comprar un teléfono para poder estudiar, y ¡hasta un televisor! Bueno, pero ella quiere primero una nevera, para ya no tener que ir hasta el pueblo a guardar la carne”.

La organización de Chicuambe es envidiable, y si lograron tecnificar sus labores de manera artesanal durante 27 años, con la llegada de la energía eléctrica van ¡a volar!. La gobernadora de esta comunidad indígena seguirá alentando el progreso de sus habitantes, las familias disfrutarán de la tecnología y los electrodomésticos, pero lo mejor, es que Ronald podrá ver el rostro de su madre todas las noches antes de dormir.

Datos de interés

Desde la llegada de Celsia al Tolima se han desarrollado 37 proyectos de electrificación rural. Este beneficio ha llegado a 250 familias de municipios como Ataco, Cunday, Ortega, Armero, Casabianca, Líbano, entre otros, con una inversión de $ 2.655 millones. En el Tolima el índice de cobertura de energía eléctrica es del 97,3% el cual se discrimina en 99,62% para las cabeceras municipales y 90,86% para la zona rural.

En el Valle del Cauca, Celsia ha llevado energía a sectores veredales de El Cerrito, Jamundí, Caicedonia, Roldanillo, entre otros, con una inversión cercana a los $4.850 millones. En esta región la cobertura llega a los 97,82%.

En estas dos regiones, las condiciones de acceso, por ser zonas veredales, han sido difíciles, por eso los postes que se instalan son en su mayoría metálicos, los cuales son más livianos a la hora de transportarlos a lugares tan alejados.