La protección del origen de los productos es algo que ha inquietado a la humanidad desde siempre; desde la Biblia se mencionaban productos con signos distintivos relacionados con su origen como el Cedro o el vino del Líbano y los vinos de En-Gedi. En Grecia y Roma existían productos diferenciados por su origen como el bronce de Corinto, los tejidos de Mileto o el mármol de Carrara. Históricamente se ha creído que la primera denominación de origen fue para el “Champagne” proveniente de la región homónima en Francia amparada en 1887. Pero mucho antes, en 1756, los productores de vino de Porto (Portugal) solicitaron al Marqués de Pombal (Primer Ministro del Reino) la protección de origen debido a las crecientes exportaciones a Inglaterra, y por ende, su falsificación, ocasionando la caída de los precios de los vinos de origen portugueses.
El Marqués realizó varias acciones para proteger el vino de Porto: primero, agrupó los productores en “La Compañía de Vinos de Porto”; segundo, delimitó el área de producción para garantizar el auténtico origen de la región de fabricación; tercero, definió y fijó las características del vino y sus reglas de producción, y por último, mandó a registrar legalmente por decreto el nombre “Porto” para vinos, creando de esta forma la normatividad y la primera denominación de origen del mundo
Es así como las denominaciones de origen, -la máxima distinción entre los productos con indicación geográfica protegida-, nacieron de la necesidad de los productores de bautizar y proteger sus productos con el nombre del lugar de su fabricación, el asentamiento de personas en determinadas zonas geográficas y el aprovisionamiento de materia prima en el lugar de fabricación, llevando a cabo la realización de una marca respaldada por productos de calidad que gozan de la mejor reputación. Es una respuesta de un territorio a la globalización, basándose en la fuerza de lo más local posible, pero con mirada global, mejorando la calidad de vida de los habitantes, la economía de la zona y despertando un fuerte sentido de pertenencia e identificación.
Para más de la mitad de la humanidad, el arroz es vida. Es el grano que ha dado forma a la historia, la cultura, la dieta y la economía de millones de personas. En España existen tres denominaciones de origen protegidas: el arroz de Calasparra, el arroz del Delta del Ebro y el arroz de Valencia. En Italia está el Riso di Baraggia Biellese e Vercellese, en Macedonia el arroz de Kocani, en Brasil está protegido con denominación de origen el cultivo del Litoral Norte Gaúcho y en México el arroz del Estado de Morelos. El arroz de la Meseta de Ibagué se suma a la corta lista de ocho arroces protegidos con Denominación de Origen en el mundo. El proceso tomó cerca de tres años, y finalmente bajo la Resolución 76532 de la Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia, es el primero en Colombia y sólo identifica al arroz Oryza Sativa tipo “índica”, la especie que comenzó hace cerca de 10.000 años en muchas regiones húmedas de Asia que alimenta a más de la mitad de la población mundial.
El Marqués realizó varias acciones para proteger el vino de Porto: primero, agrupó los productores en “La Compañía de Vinos de Porto”; segundo, delimitó el área de producción para garantizar el auténtico origen de la región de fabricación; tercero, definió y fijó las características del vino y sus reglas de producción, y por último, mandó a registrar legalmente por decreto el nombre “Porto” para vinos, creando de esta forma la normatividad y la primera denominación de origen del mundo.
Es así como las denominaciones de origen, -la máxima distinción entre los productos con indicación geográfica protegida-, nacieron de la necesidad de los productores de bautizar y proteger sus productos con el nombre del lugar de su fabricación, el asentamiento de personas en determinadas zonas geográficas y el aprovisionamiento de materia prima en el lugar de fabricación, llevando a cabo la realización de una marca respaldada por productos de calidad que gozan de la mejor reputación. Es una respuesta de un territorio a la globalización, basándose en la fuerza de lo más local posible, pero con mirada global, mejorando la calidad de vida de los habitantes, la economía de la zona y despertando un fuerte sentido de pertenencia e identificación. Para más de la mitad de la humanidad, el arroz es vida. Es el grano que ha dado forma a la historia, la cultura, la dieta y la economía de millones de personas. En España existen tres denominaciones de origen protegidas: el arroz de Calasparra, el arroz del Delta del Ebro y el arroz de Valencia. En Italia está el Riso di Baraggia Biellese e Vercellese, en Macedonia el arroz de Kocani, en Brasil está protegido con denominación de origen el cultivo del Litoral Norte Gaúcho y en México el arroz del Estado de Morelos. El arroz de la Meseta de Ibagué se suma a la corta lista de ocho arroces protegidos con Denominación de Origen en el mundo. El proceso tomó cerca de tres años, y finalmente bajo la Resolución 76532 de la Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia, es el primero en Colombia y sólo identifica al arroz Oryza Sativa tipo “índica”, la especie que comenzó hace cerca de 10.000 años en muchas regiones húmedas de Asia y que alimenta a más de la mitad de la población mundial. El único grano de denominación de origen Colombia con Fray Pedro Simón Cronista de Indias Alexander Von Humboldt Expedicionario Alemán Gildardo Armel Fundador de Fedearroz Marqués de Pombal Blanco, perlado en el centro, alargado; el arroz de la meseta cuenta con un largo tres a cuatro veces mayor que su ancho, y una concentración aproximada del 22% de amilosa, su color es blanco-perla y al cocinarlo se obtiene un grano elástico, firme y suelto, sin comparación culinaria en el resto del país. Ibagué es un oasis de agradable temperatura en el centro de las regiones ardientes del Valle del Magdalena, y el lenguaje ambiental de la meseta, se expresa en la calidad del grano. Sus condiciones agroclimáticas otorgan unas características únicas al producto. En la mayor parte de Colombia, el grano tarda entre 90 y 120 días en estar listo para la cosecha, pero la generosidad de la naturaleza de la meseta, hace que en esta tierra el cultivo del arroz prolongue de manera extraordinaria su período vegetativo hasta 135 días, obteniendo el grano selecto y único de la Meseta. La Denominación de Origen protege las siguientes variedades de arroz blanco e integral de la especie Oryza Sativa L., tipo indica: Oryzica 1, Fedearroz 60, coprosem 304, Aceituno San Juan, OR 228, Aceituno Yuma, Acd 2540, Benja 1 y Panorama 20-08. El arroz de la Meseta ha estado presente en la historia de la gastronomía colombiana; en los inventarios de víveres y despensas de la Nueva Granada siempre se mencionan los abastecimientos de cargas y costales de arroz provenientes de los Curatos de Ibagué, y cómo los habitantes de Santafé lo adquirían a través del mercado colonial de La Mesa. De igual forma en la campaña libertadora era parte de las provisiones del ejército patriota como consta en los oficios firmados por Simón Bolívar. Y en el almuerzo de la Bogotá de la Nueva Granada los visitantes describían que a la 1 o 2 de la tarde jamás podía faltar el arroz como hábito gastronómico de los residentes de la capital. También existen relatos coloniales que describen la distinción en la alimentación de pasajeros y bogas en los buques que navegaban por el Magdalena a mediados del siglo XIX, donde a los pasajeros les daban arroz y a los bogas plátanos. Y cómo no mencionar el masato ibaguereño al que incluso Bernal y Rueda en El Lenguaje Gastrónomico dedicaron un dulce poema.